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Dormida mi extremadura, que no la despierte nadie. Dejar que siga dormida, sin despertar del letargo,
en el sopor y amargura.
Tú, Madre del extremeño,
que nacimos en tu lecho,
nos amastes, Madre,
con el más humilde pecho.
Tiene solo una palabra,
y nunca escribe en barbecho.
Por lección, nos diste amor,
en tu amor tu vanidad,
del trabajo el sudor,
y el dolor por libertad.
"Dejen que siga dormida,
que no la despierte nadie". |